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Un Mensaje a la Conciencia

Christian Talk

Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en...

Location:

Costa Mesa, CA

Description:

Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.

Language:

Spanish

Contact:

Asociación Hermano Pablo Box 100 Costa Mesa, CA 92628 9499227501


Episodes
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Estrés por exceso de trabajo

4/18/2026
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Le doy gracias a Dios por mi trabajo, pero últimamente el estrés me está consumiendo. Siento que me están recargando con mucho trabajo. Ya hablé con mi jefe, pero él no es nada comprensivo. »No duermo lo suficiente, y hasta mi carácter está cambiando.... Me costó mucho mi estudio, y encontré un trabajo de mi profesión. Pero no quiero enfermarme.... No sólo trabajo mucho todo el día, sino que hasta me llevo trabajo a casa. En mi país está muy difícil la situación económica. Por eso me esfuerzo por hacer mi trabajo de la mejor manera, pero a veces se me acaban las fuerzas.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Muchas personas se identificarán con la situación en que usted se encuentra. Con frecuencia los supervisores de quienes sobresalen en su trabajo les asignan más y más tareas.... »El estrés es la reacción que presentan nuestro cuerpo y nuestro cerebro al confrontar cambios o retos. Pero el cuerpo de cada persona responde de una manera diferente, conforme a factores tales como su mecanismo de defensa, sus experiencias pasadas y su visión del mundo. »Los campeones de natación que caen al agua desde un bote sin duda se ríen y bromean al volver a subir a bordo, mientras que a quienes les sucede lo mismo y no saben nadar experimentan pánico, un ritmo cardiaco acelerado y dificultad para respirar. Aun cuando caigan del mismo bote, el cerebro y el cuerpo de cada uno responden de una manera completamente distinta. »Quienes sienten pánico bien pudieran determinar nunca volver a acercarse a un bote, siendo ese un mecanismo de defensa que es poco saludable debido a que consiste en evadir el problema. O, por el contrario, tal vez decidan tomar clases de natación, siendo ese más bien un mecanismo de defensa que consiste en identificar el problema y tomar medidas para remediarlo. »Según lo que cuenta usted, su cuerpo y su cerebro están reaccionando enérgicamente al estrés producido por trabajo excesivo, así que tiene razón de estar preocupada por los efectos que está surtiendo en éstos. Un consejero profesional pudiera ayudarle a examinar las opciones que tiene. »También le recomendamos que lea artículos en la Internet acerca de los beneficios de la respiración profunda y de cómo practicarla. Se ha comprobado que los ejercicios de respiración profunda disminuyen el estrés. »Quienes disfrutamos de una relación personal con Dios le contamos nuestros problemas en oración. Creemos que Él nos da la sabiduría y la claridad mental para dar el siguiente paso. Además, cuando confiamos en Dios, Él nos da la paz interior. De hecho, su Hijo Jesucristo dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar.”» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo puede leerse con sólo ingresar en el sitio www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 771. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Editorial InfoSalud

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Cuando se destapan cloacas

4/17/2026
Se había desatado una nueva ola de delitos, una nueva ola de robos. Los ladrones habían empezado a robar las tapas de hierro de las cloacas, y luego vendían el metal como chatarra. La ciudad de Beijing, China, en particular, estaba sufriendo triple perjuicio. El primer perjuicio era el robo de las tapas, que tenían que ser repuestas. El segundo era la cantidad de peatones y ciclistas que caían dentro de las cloacas. Y el tercero era el olor nauseabundo de las aguas negras que emanaba por toda la ciudad. Donde se amontona la gente, proliferan los delitos. Y entre los delitos más comunes y más perturbadores está el robo. El detrimento es tal que ya no se puede vivir seguro en ninguna parte. Y ahora se añade a estos delitos el destape de cloacas. Algún tiempo atrás comenzó en Madrid, España, lo que allí llamaron «El destape». Pronto se había extendido a muchos países de América Latina. ¿Qué era el tal destape? Suponía ser la liberación del espíritu humano, aprisionado por tradiciones religiosas. Pero resultó ser la introducción de toda clase de literatura. En realidad, lo único que destaparon fue la cloaca de la naturaleza pecaminosa humana. Los quioscos de Madrid, y del mundo, se llenaron de revistas nocivas y pornográficas. ¿Qué ocurre cuando se destapa la mente del hombre? ¿Qué sale a la luz cuando se descartan restricciones de decencia y moralidad? Basta recoger el periódico del día, o encender el televisor, o abrir las páginas de una revista o entrar por las puertas de un cine. Es igual que abrir una cloaca y poner al descubierto lascivia, engaño, falsedad y violencia. Cuando se destapa la mente del hombre, se expone todo lo que hay en su corazón. Y si ese corazón no ha sido purificado, lo que sale es putrefacción e inmundicia. Ya lo decía Anatole France, el novelista francés: «Si a la sociedad le diéramos vuelta, como a una media, nos moriríamos de consternación y de asco.» A pesar de todos los logros de la humanidad, el hombre todavía no se ha limpiado de su vieja corrupción. Si en los consultorios de los psiquiatras se barriera todo lo que vuelcan los pacientes, se sacarían toneladas de basura. No obstante, todo el que lo desee puede ser purificado. Hay limpieza total, efectiva y gratuita al alcance de cualquiera. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Cuando creemos en Cristo y nos sometemos de lleno a su señorío, Él limpia por completo nuestro corazón. No existe en el mundo entero un gusto más grande que sentirnos limpios por dentro. Eso es lo que hace Cristo. Rindámosle hoy nuestro corazón. Hermano Pablo Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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«Del viejo, el consejo»

4/16/2026
«Recuerde en todo momento que el dinero que usted guarda en la caja no es suyo. Lo único que importa es que salve el pellejo. Si se le ocurre hacerse el héroe, ya sabe lo que le espera.» Quien así hablaba era José Shapiro, dando una clase a un grupo de empleados bancarios sobre la prevención del robo. Shapiro sabía lo que estaba diciendo. Él había pasado nueve años en penitenciarías federales por haber asaltado dieciocho bancos. Ahora, regenerado, dedicaba su tiempo a asesorar a empleados bancarios de cómo proceder en caso de un asalto. «El cajero debe incluso sonreírle al ladrón —recomendaba Shapiro—, porque así puede pescar algún detalle especial, tal como un diente de oro, que sirva para identificar al delincuente, si éste le sonríe también.» Entre los muchos oficios pintorescos del mundo actual, tenemos este de José Shapiro. Con una larga trayectoria como asaltante, escogió por fin el camino del bien, y como conocía todos los trucos y artificios del asaltante, les enseñó a los empleados bancarios cómo reaccionar en el momento crítico de enfrentarse al cañón de una pistola. Hay un refrán que dice: «Del viejo, el consejo», porque la sabiduría popular comprende que los años, junto con las canas, acumulan mucha experiencia. Y como «la experiencia es la mejor maestra», según otro conocido refrán, más vale que aprendamos de ella todo el mal que no debe hacerse, así como el bien que puede hacerse y no se hace. ¿Qué pasaría si cada persona, al llegar a los cincuenta años, comenzara a enseñar a los más jóvenes todo lo que no debe hacerse? Quizá las nuevas generaciones, si estuvieran en disposición de aprender, irían perfeccionando su vida moral. Uno de los mayores deberes de los padres es advertirles a sus hijos acerca de las cosas que no deben hacerse debido a que acarrean fracaso, amargura y dolor. Por algo será que el poeta argentino José Hernández, en la segunda parte de su obra clásica titulada La vuelta de Martín Fierro, declara que «un padre que da consejos, más que padre, es un amigo». Más vale entonces que los jóvenes escuchen a los mayores para así recibir el beneficio de la experiencia que éstos tienen que ofrecerles. Pero conste que, según el escritor español José María de Pereda, «la experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha reflexionado». Porque vivir sin reflexionar sobre el orden moral de la vida es poco más que existir. ¿Por qué no reflexionamos sobre los siguientes proverbios afines del sabio Salomón? «Hijo mío, guarda siempre en tu memoria los mandamientos y [las] enseñanzas de tus padres.... Te guiarán cuando andes de viaje, te protegerán cuando estés dormido, hablarán contigo cuando despiertes. Atiende a mis palabras, hijo mío; préstales atención. Jamás las pierdas de vista, ¡grábatelas en la mente! Ellas dan vida y salud a todo el que las halla. Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida.» Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net News Clip: Banks and RobberThe Southern IllinoisianLa vuelta de Martín FierroPoesía gauchescaDiccionario de citas

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«Bien te quiere quien te advierte» (2a. Parte)

4/15/2026
(Aniversario del Naufragio del Titánic) Era el buque transatlántico más grande y más lujoso de la época, con capacidad para tres mil pasajeros. Pero a pesar de que sus constructores se ufanaban de que era insumergible e indestructible, se hundió después de chocar contra un iceberg cerca de la medianoche en el Atlántico Norte, a unas 400 millas al sur de Terranova, en su viaje inaugural entre Nueva York y Southampton. Trágicamente, en sus botes salvavidas sólo cabían cerca de la mitad de los pasajeros y tripulantes que iban a bordo, entre los que se encontraba la crema y nata de la sociedad inglesa y estadounidense. Cualquiera daría por sentado que se trata del Titánic, que sufrió sin duda el naufragio más conocido de la historia. Sin embargo, no sólo es una fiel descripción de aquel naufragio verídico, ¡sino también de un naufragio ficticio descrito catorce años antes! El que se lo imaginó con semejante lujo de detalles fue el escritor estadounidense Morgan Robertson en su corta novela titulada Futilidad cuando fue publicada en 1898, pero que después del verdadero naufragio del Titánic el 15 de abril de 1912 comenzó a llevar por título adicional: El naufragio del Titán. Es que ¡al buque transatlántico de su novela Robertson lo llamó Titán y lo describió como tal por lo menos nueve años antes de que la clase Olympic, a la que pertenecía el Titánic, fuera diseñada! Si bien hay algunas diferencias entre las dos tragedias, las discrepancias en realidad son mínimas en comparación con las asombrosas similitudes que las relacionan. De ahí que, en 1998, por tratarse del centenario del libro El naufragio del Titán, Simon & Schuster haya vuelto a publicarlo, y que el editor Simon Hewitt haya escrito en cuanto al asombroso presagio del Titánic: «Nadie puede decir a ciencia cierta si se trata de una extraña serie de coincidencias o si lo que actuó ahí fue algo mucho más enigmático». Lo cierto es que, a los ojos de Morgan Robertson, que tenía experiencia de muchos años y era un experto en la navegación de aquel entonces, su Titán literario era un símbolo de orgullo desmedido y, al igual que en el Titánic histórico, eran patentes las divisiones sociales de la época. Gracias a Dios, si nos arrepentimos de todo corazón y le pedimos perdón por nuestra manera egoísta de pensar y de actuar, en el umbral de la muerte Él no nos guardará rencor por haber sido orgullosos al extremo de creer que no lo necesitábamos a Él en nuestra vida, ni nos echará en cara el habernos creído superiores a otras personas, ya fuera por su condición física, económica o social, a pesar de lo mucho que Él, como Padre nuestro, aborrece tales actitudes. Más vale entonces que hagamos lo que hicieron quién sabe cuántos de aquellos que perecieron en las gélidas aguas del Atlántico aquella trágica noche de abril mientras escuchaban a la banda del Titánic tocar el himno que dice: «Quiero estar más cerca de ti, mi Dios». Pidámosle a Dios perdón por todo pecado que hayamos cometido contra Él y contra nuestros semejantes antes de que sea demasiado tarde. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net El MundoThe Post-Standard

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«Bien te quiere quien te advierte» (1a. parte)

4/14/2026
(Víspera del Aniversario del Naufragio del Titánic) Era una maravilla de la tecnología náutica. Se trataba de un transatlántico británico, el buque de pasajeros más grande y más lujoso que jamás hubiera navegado las aguas de océano alguno. Tenía 269 metros de largo por 28 metros en su punto más ancho, y había sido construido de tal modo que se creía que no podía hundirse. Emprendió su travesía inaugural el 10 de abril de 1912, partiendo de Southampton, Inglaterra, rumbo a la ciudad de Nueva York. A medida que cruzaba magistralmente el océano, la admiración de todos aumentaba debido a la ausencia de vibración y a su estabilidad no obstante una velocidad cada vez mayor. Con el mar en perfecta calma, avanzó a todo vapor hasta un punto en el Atlántico Norte a unos 640 kilómetros al sur de Terranova. Faltaban sólo veinte minutos para la medianoche del domingo 14 de abril, cuando un atalaya divisó un iceberg directamente en frente. El enorme transatlántico empezó de inmediato a virar, pero ya era demasiado tarde. Al chocar contra aquel imponente bloque de hielo, se abrieron por lo menos cinco de sus compartimentos estancos hacia la proa, y el buque comenzó a llenarse de agua y a inclinarse al sumergirse la proa. Se hundió finalmente a las 2:20 de la madrugada del lunes 15 de abril de 1912, y quedó sepultado en el fondo del mar, a unos cuatro kilómetros de profundidad. De unas 2.224 personas que llevaba a bordo, el renombrado Titánic sólo tenía espacio para 1.178 en sus botes salvavidas, y para colmo de males en varios de los botes quedaron muchos puestos vacantes, dejando aún más pasajeros abandonados a su suerte. En total perecieron 1.522 personas. El buque Californian, a menos de 32 kilómetros de distancia, pudo haber socorrido al Titánic a tiempo para salvar a todos sus pasajeros, pero no recibió la señal telegráfica pidiendo auxilio debido a que el radiotelegrafista había dejado de escuchar sus audífonos diez minutos antes de la primera señal. Irónicamente, ese mismo radiotelegrafista del Californian le había advertido al Titánic del peligro dos veces, la última, 45 minutos antes del desastre. Pero uno de los radiotelegrafistas del Titánic, en lugar de hacerle caso, le había respondido que se callara, pues estaba interfiriendo la señal. Con razón dice el refrán: «Bien te quiere quien te advierte.» Jesucristo, el Hijo de Dios, nos advirtió que el fin del mundo, ese iceberg infranqueable contra el que ha de chocar la humanidad entera, será como sucedió en tiempos de Noé: «Comían, bebían, y se casaban... hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó a todos.... Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora.... Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre... preparados, aunque llegue a la medianoche o de madrugada.» Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Refranero general ideológico español

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La sed de venganza

4/13/2026
En 1528, Pánfilo de Narváez desembarcó en la Florida cerca de la Bahía de Tampa. Allí el capitán español se hizo amigo de un cacique llamado Hirrihigua, al que posteriormente mutiló. Mandó que a la madre del cacique la despedazaran y se la comieran los perros, y luego le cortó la nariz al cacique. Consumado este acto salvaje, Narváez zarpó y navegó en busca de más destrucción en el norte de la Florida. Después de la salida del capitán, llegó procedente de Cuba una patrulla española en busca de él. El cacique Hirrihigua logró mañosamente que cuatro miembros de la tripulación patrullera desembarcaran allí, y los capturó. Los españoles restantes huyeron, pero ahora Hirrihigua tenía cuatro prisioneros con los que podía tramar su venganza. Un día de fiesta hizo desnudar a los españoles, y luego mandó que corrieran, uno por uno, alrededor de la plaza de la aldea. Los indios les lanzaron flechas que se les quedaron clavadas en el cuerpo, pero evitaron herirlos en órganos vitales. Así dieron muerte de una manera lenta y tortuosa a tres de los españoles. Luego sacaron al cuarto español, Juan Ortiz, de dieciocho años de edad, para matarlo de la misma manera. Por alguna razón a la mujer del cacique y a sus hijas les cayó bien el joven Ortiz, y convencieron a Hirrihigua que le perdonara la vida. De modo que el cacique condenó a Ortiz a trabajo de criado y al cuidado del cementerio de la tribu. El futuro de Ortiz se tornó más prometedor cuando mató una pantera durante su turno en el cementerio. Llegó el día en que el cacique decidió que iba a tener que matar al joven español. Pero la hija del cacique lo ayudó a escapar. Por eso cuando el conquistador Hernando de Soto se posesionó de la Florida en nombre de España en 1539, Ortiz pudo servirle de intérprete hasta su muerte al oeste del río Misisipí que había descubierto. Esta historia salvaje ilustra el extremo al que se puede llegar para aplacar la sed de venganza, y lo difícil que es lograr que se haga justicia. La triste realidad es que con la venganza no se consigue la paz; antes bien, se pierde hasta la poca paz que queda. Por eso la Carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento de la Biblia nos advierte que Dios ha dicho: «Mía es la venganza; yo pagaré», y que «¡es aterrador caer en las manos del Dios vivo!» Es que Aquel que nos creó como somos sabe que la venganza no resuelve nada en nuestro interior. Lo único que restablece la paz interior es nuestra disposición a recibir el perdón que nos ofrece Dios, a perdonar a los demás con el poder que Él nos da para hacerlo, y a dejar nuestra causa en sus manos, es decir, en manos del único que siempre hace justicia porque es Justo por naturaleza. Pues tarde o temprano, para bien o para mal, Dios pagará. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net PocahontasMiami HeraldLa Florida del Inca: Historia del adelantado Hernando de Soto, Gobernador y Capitán General del Reino de la Florida, y de otros heroicos caballeros españoles e indios

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El abuso infantil y el masoquismo

4/11/2026
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Todo empezó cuando tenía cuatro años. Recuerdo a mi madre golpeándome con una correa de cuero, tan duro que al final mis piernas quedaban marcadas.... Los castigos siempre fueron fuertes, aplicados con rabia, amenazas y a veces hasta con rechazo.... »Cuando estaba solo, yo mismo me infligía dolor físico, estilo masoquista, y eso me calmaba.... Mi adicción me ha servido de escape al estrés y a las tensiones del día a día. »Entiendo que no es normal lo que hago. Me aísla de la gente. He intentado casi de todo para dejarlo, pero no puedo. Cuando lo intento, la ansiedad es tal que me transformo en otra persona.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Qué trágico lo que le sucedió a usted! ¡Cuánto lo sentimos! Su mamá comenzó a maltratarlo cuando usted apenas tenía cuatro años, y los estudios científicos han demostrado que esos años tempranos de la infancia son un lapso de desarrollo acelerado del cerebro. Durante ese lapso preciso, el abuso que usted estaba sufriendo causó reacciones químicas y eléctricas en su cerebro que enredaron y confundieron las conexiones y las asociaciones que su cerebro estaba desarrollando. »Se ha comprobado que las víctimas del abuso infantil tienen una predisposición a trastornos de ansiedad... y a una diversidad de tipos de enfermedades mentales. Su compulsión de hacerse daño como una manera de aliviar la ansiedad es un mecanismo de defensa que descubrió su cerebro de cuatro años de edad. Usted creció literalmente experimentando una asociación entre el dolor y el alivio de la ansiedad, de modo que su cerebro está completamente convencido de que no hay ninguna otra manera de afrontarlo.... »Ojalá hubiera pasos sencillos que pudiéramos recomendarle para resolver este problema, pero no es así de fácil. El problema suyo es una condición médica, y nosotros no estamos facultados para tratar problemas médicos. Así que usted necesita consultar a un médico lo más pronto posible. Cuéntele acerca del abuso que sufrió durante su infancia y de la compulsión actual que tiene de hacerse daño. El médico debe referirlo a un psiquiatra, quien es el especialista que ha recibido el adiestramiento y la preparación más adecuados para tratar problemas del cerebro y enfermedades mentales. »El ser víctima de abuso no es motivo de vergüenza. Usted no lo causó y no hizo nada para merecerlo. Fue un delito, y usted fue la víctima.... »Además de consultar a un médico, también le instamos a que lea el consejo que dimos en el Caso 523 en www.conciencia.net para enterarse de otras maneras de aliviar su ansiedad al meditar en el mensaje que nos dejó Dios en la Biblia.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 770. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Verywell MindThe American Journal of Psychiatry

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«Unidos por la miseria»

4/10/2026
(Antevíspera del Día Internacional de los Niños de la Calle) «... Toda la zona del arenal del dique, como toda la ciudad de Bahía, [pertenecía] a los Capitanes de la arena.... »... La ciudad comenzó a hablar de [aquellos] chicos vagabundos que vivían del robo. Nadie sabía el número exacto de los que así vivían. Serían unos cien y, de ésos, más de cuarenta dormían en las ruinas del... viejo depósito abandonado, en compañía de ratones, bajo la luna amarilla.... »... El Sem‑Pernas... quería... algo que lo hiciera feliz, que lo librase... de esas ganas de llorar que le venían en las noches de invierno.... una mano que lo acariciara, alguien que le hiciera olvidar su defecto físico con mucho amor, que le hiciera olvidar los... años que había vivido solo en las calles de la ciudad, hostilizado por los hombres que pasaban, empujado por los porteros, zurrado por los muchachos más grandes. Nunca tuvo familia. Había vivido en la casa de un panadero, al que llamaba padrino, que le pegaba buenas palizas. »El día que comprendió que una fuga lo libraría, lo hizo. Sufrió hambre, y un día lo metieron preso.... Aquella noche en la comisaría... vigilantes borrachos le hicieron correr renqueando alrededor de una pieza. En cada rincón lo esperaba uno con un palo largo. Las marcas de las costillas ya habían desaparecido, pero en la parte interior nunca desapareció el dolor de esa noche.... »... Después encontró a los Capitanes de la arena... y se quedó con ellos.... Su corazón estaba lleno de odio. Confusamente deseaba tener una bomba... que arrasara con toda la ciudad.... Entonces se alegraría. O también, si alguien, posiblemente una mujer de cabellos grises y manos suaves, lo apretara contra su pecho, le acariciara la cabeza y lo hiciera dormir un buen sueño, un sueño que no estuviera lleno de los sueños con aquella noche en la comisaría. Entonces estaría alegre y no tendría odio en el corazón. Y no tendría más envidia ni desprecio....» Así nos presenta al patético Sem-Pernas el popular novelista brasileño Jorge Amado en su obra titulada Capitanes de la arena. Cuando apareció este polémico libro de Amado en 1973, el Estado Novo brasileiro confiscó la edición y mandó quemar centenares de ejemplares en la plaza pública. De modo que cuando volvió a aparecer el libro siete años más tarde, «constituyó un verdadero acontecimiento cultural», comentan los editores de Losada en la contraportada de su edición del 2006. Gracias a Dios, ese «mundo de los niños abandonados, unidos por la miseria y empujados por una sociedad egoísta hacia los arenales del puerto, donde organizan su propia sociedad infantil, con toda la secuela de la delincuencia, pero rica también en solidaridad, inocencia y amor», como los describe la Editorial Losada, es el mismo mundo por el que el Padre celestial envió a su único Hijo Jesucristo a morir en la cruz del monte Calvario... solidario, inocente y amoroso. Y ese Hijo de Dios que dio su vida por todos los niños de la ciudad de Bahía, tanto los niños abandonados como los niños consentidos, es el mismo Cristo Redentor al que se le rinde homenaje con un monumento en el monte Corcovado, el Cristo que siente igual compasión y ternura por los niños de Río de Janeiro, del resto de Brasil, de Iberoamérica y del mundo entero. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Capitanes de la arena

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Por la mala conducta de su hija adulta

4/9/2026
En este mensaje tratamos de manera anónima el caso que nos contó una mujer en las siguientes palabras: «Yo me congrego en una iglesia donde enseño la Biblia. Mi hija mayor es maestra de inglés, y lleva una vida de desorden, alcohol y relaciones con diferentes hombres.... Los fines de semana se la pasa metida en los bares. »Por ser yo maestra también como mi hija, no puedo dar consejos porque las demás personas me señalan diciéndome que me gusta corregir a los demás, pero que no corrijo a mi propia hija.... He sabido que ella ha dañado algunos matrimonios porque los afectados vienen a mí para informarme de lo que mi hija está haciendo, y me responsabilizan a mí. ¿Qué hago? Ella aún vive bajo mi techo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »En el Caso 881, le dimos un consejo a una madre con un problema muy parecido al suyo. Le recomendamos que consulte ese caso en www.conciencia.net para enterarse de lo que le aconsejamos. »Una de las diferencias entre ese caso y el suyo es que la hija adulta ya no estaba viviendo en casa con la mamá, lo cual no es ni bueno ni malo. Pero en su caso, usted sí tiene la opción de pedirle a su hija que se mude y viva por su propia cuenta. Es posible que la gente sea más comprensiva si su hija se muda, pero usted necesitará pedirle a Dios que la guíe en cuanto a esa decisión, ya que no hay una respuesta específica basada en la Biblia que podamos darle. »Lo que la Biblia sí establece son los requisitos para ser un líder. El apóstol Pablo enfatizó en sus cartas a Timoteo y a Tito que un líder debe gobernar bien su hogar, y eso incluye amar y disciplinar de manera constante a los hijos. Pero la hija suya ya no es una niña. Es una adulta que trabaja y toma sus propias decisiones, aun sabiendo que usted no las aprueba. »Hay varios ejemplos de líderes en la Biblia que no fueron descalificados a pesar de que sus hijos adultos no sirvieron a Dios. El sacerdote Elí, el profeta Samuel y el rey David tuvieron hijos adultos que no anduvieron en los caminos de Dios, y sin embargo Dios no rechazó a esos padres por las acciones de sus hijos. Cada hijo adulto tuvo que sufrir las consecuencias de su propia desobediencia. »No obstante, nos preocupa que en su vida haya personas que la juzgan con tanta severidad. Esas personas la están juzgando a pesar de que Jesucristo mismo, el Hijo de Dios, enseñó: “No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes.”» »... Nosotros, también, tenemos una hija adulta que no es una seguidora de Cristo. Al igual que a su hija, se le han enseñado los caminos de Dios, pero ahora mismo está optando por no seguirlo a Él. Por supuesto que oramos por ella, pero su condición espiritual no afecta nuestra capacidad de enseñar a otros.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 888. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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«Su decisión me hace sentir culpable»

4/8/2026
En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue: «Después de veinticinco años de casados, me enteré de que mi esposo tuvo un romance hace diez años y nació una hija. Me enfurecí mucho y quise separarme de él. Hemos venido aceptando lo sucedido con el pasar del tiempo, y un día me confesó que, después de que me enteré, nunca más ha ido a ver a su hija, que debe tener nueve años, y que no le interesa tener ningún contacto con ella ni con su mamá. Él me dice que tomó esa decisión por mí, para que yo no sufra. Pero sé que el que sufre es él, porque es un hombre responsable. »Yo no sé qué hacer, si decirle que la busque o dejar eso así. Su decisión me hace sentir culpable, aunque no quiero que nada dañe mi matrimonio.» Este es el consejo que le dimos: «Estimada amiga: »Nos alegra que le haya hecho caso a su conciencia, la cual le está haciendo ver que no es justo que una inocente niña pierda a su papá. Sin duda, usted no quiere ser la causa de que una pequeña sufra el resto de su vida porque la abandonó su padre. »Por supuesto que su esposo hizo lo indebido. Cometió adulterio y pecó contra usted y contra Dios. Y la niña es una consecuencia de ese pecado. ¡Pero ella es inocente! ¡No hizo nada malo! ¿Qué gana con hacerla sufrir por el pecado de su esposo? »Uno de los Diez Mandamientos es no cometer adulterio. ¿Por qué consideró Dios que tenía tanta importancia como para que fuera una de las diez normas de conducta esenciales? Precisamente porque Él ama a los niños inocentes, se interesa en el bienestar de ellos y quiere asegurarse de que disfruten de las mejores oportunidades en la vida como parte de una familia estable y amorosa. Esa hija de su esposo jamás tendrá [tal] oportunidad.... »Le instamos a que tome la decisión de no relacionar en sus pensamientos a esa niña con el pecado de su esposo ni con la madre de ella. Dígale a su esposo que sienta la libertad de invitar a su hija a la casa de ustedes. Aprenda a amarla, no porque usted acepta lo que hizo su esposo, sino porque sabe que ella es inocente. De hacerlo así, en vez de dañar su matrimonio, profundizará el aprecio y el amor que su esposo le tiene a usted. »No será fácil. Es obvio que la niña la verá a usted como la rival de su mamá. Tal vez la trate con desprecio al principio. Si eso sucede, ábrale las puertas de su hogar de todos modos y permítale pasar tiempo allí con su papá mientras usted se mantiene alejada en otra parte de la casa. Pero siempre recuerde que la relación que sostiene su esposo con esa hija no es nada de lo que usted debe ponerse celosa. El amor que él siente por ella es diferente del que siente por usted. Se portará usted como una mujer muy sabia si aprende a aceptar a esa pequeña del mismo modo en que ha llegado a aceptar lo que hizo su esposo. »Le deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace que dice: «Caso 147» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos». Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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«La Lucrecia Borgia de Monserrat»

4/7/2026
María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, amante de varios hombres a la vez, entre ellos su esposo, amaba con la misma pasión el dinero y el ostentarlo. Conocida como Yiya Murano, llegó a ser conocida también con los infames motes de la envenenadora y la Lucrecia Borgia de Monserrat. Vivía en Buenos Aires, Argentina, donde en 1979 envenenó con té a sus tres amigas prestamistas. En el prólogo a la biografía titulada Mi madre, Yiya Murano, escrita por su hijo Martín Murano, el periodista y escritor argentino Rodolfo Palacios sostiene que la ambición de Yiya «la llevó a humillar a su hijo desde niño, entre mentiras, desprecios y amantes que le hacían regalos costosos.... Las víctimas conocieron más a Yiya que su propio hijo. [A él] no le quedó ningún buen recuerdo de su madre, ni un instante feliz, mucho menos una foto en familia o un paseo inolvidable.» Respecto a su muy querido pero ingenuo padre, Martín declara: «Para mí fue siempre más fácil comprender la actitud manipuladora de mi madre que la devoción de [Antonio,] mi padre. Quizás Antonio, que murió de pena cuando encarcelaron a Yiya, se sintió alguna vez identificado con los famosos versos que Borges escribió sobre Buenos Aires: “No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”.» Cuatro días antes del plazo que la sentencia dictada por la Cámara de Apelaciones había fijado para que Yiya se entregara a la Justicia, le confesó por fin a Martín que ella había matado a aquellas mujeres poniendo el veneno en los saquitos de té que bebieron. —Ahora que lo sabés, ¿qué pensás de mí? —quiso saber [Yiya]. —No creo que realmente te importe y, principalmente, a mí no me importa que a vos te importe [—respondió él]. En contraste, lo que sí le importaba a Martín era lo que pensaba María Sandoval, la empleada doméstica a quien Yiya había contratado para cuidarlo desde su infancia y a quien él a menudo había llamado «mamá» sin que a Yiya le importara mucho. Por eso Martín acababa de decirle a Yiya tajantemente: —Para mí, Antonio es mi viejo y María mi vieja... —¡María! Por favor... una sirvienta —[lo había interrumpido Yiya] de una manera despectiva.... —Una sirvienta sí [—había replicado Martín—], pero que supo quererme, que supo entenderme y que se enorgullecía cada vez que hablaba de mí... Gracias a Dios, quien creó a su imagen tanto a la mujer como al hombre, todos tenemos en Él a un Padre celestial que nos ama no sólo paternalmente sino también con el tierno, reconfortante y entrañable amor de una madre. Fue por ese inmenso amor que Dios hizo posible que se nos llame hijos suyos. Para serlo, sólo falta que reconozcamos que Jesucristo su Hijo supo querernos más que nadie al dar su vida por nosotros, y supo entendernos al hacerse hombre. Así podremos también llegar a apreciar el orgullo que Dios siente por nosotros como Padre nuestro. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Mi madre, Yiya Murano

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Dos muertes premeditadas

4/6/2026
Su enfermedad la había debilitado. No iba a ser posible huir de los perros bravos de aquellos hombres barbudos que estaban haciendo estragos en su tierra. Pero se le ocurrió una idea. Tal vez no fueran tan despiadados que mataran a su niño de un año de edad, sobre todo si lo hallaban indefenso y desamparado. De modo que la pobre indígena se valió de su último recurso en un inútil intento de salvarle la vida a la criatura de sus entrañas: Tomó una soga, se ató al pie a su precioso hijito, y se ahorcó de una viga. Con todo, los perros se abalanzaron sobre el niño y lo despedazaron. Sólo quedó el interrogante de lo que habría pensado aquella madre si hubiera vivido para presenciar el sacramento «cristiano» que se le aplicó a su inocente hijo, pues un fraile español a duras penas lo bautizó mientras agonizaba momentos antes de su sangrienta muerte. Este trágico relato de Fray Bartolomé de las Casas nos conmueve no sólo porque trata sobre el amor de una madre por su pequeño hijo, sino también por la forma despiadada en que los conquistadores cazaron a su aterrorizada presa. Y es que los dos presentan un contraste perfecto. Por una parte sobresale como una bella rosa entre las espinas el amor de la joven indígena que estaba dispuesta a dar su vida con la esperanza de que así lograra salvar a su hijo. Por la otra se destaca como una llaga putrefacta la insensibilidad de los cazadores de indios del Nuevo Mundo, que se valían de perros para acabar con sus desprotegidas víctimas. Así como esa madre indígena del reino de Yucatán en el siglo dieciséis dio su vida con el fin de salvar la de su hijo, también el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, dio su vida para salvarnos a nosotros de las garras del pecado. Pero hay dos diferencias abismales entre los dos casos. En primer lugar, Cristo podía huir de su enemigo. Cuando Pedro quiso defenderlo de los soldados romanos, Cristo lo desarmó con estas palabras: «¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones de ángeles? Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras que dicen que así tiene que suceder?» Con eso Cristo daba a entender que Él no habría de morir impotente a manos de su enemigo, sino que había un plan maestro que Él tenía que seguir. Y ese plan contemplaba su muerte en la cruz por los pecados de toda la humanidad, tanto de los conquistadores como de los conquistados de todas las edades. La otra diferencia fundamental entre la muerte de la madre indígena y la de Cristo es que Él no fracasó. Cuando salió victorioso del sepulcro, sus descorazonados discípulos reconocieron que su muerte obedecía a ese plan maestro, y tan convencidos estuvieron que uno por uno se dispusieron a dar la vida por la causa del Maestro de ese plan. Dispongámonos también nosotros a rendirle a Cristo nuestra vida. Aceptemos hoy mismo la salvación que nos compró con su muerte y que selló con su resurrección. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Brevísima relación de la destrucción de las indiasCronistas de indias: Antología

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«Jamás me pidió que fuera su novia»

4/4/2026
En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Durante un año le di mi amor a un hombre con quien tenía diez años de diferencia. Lo llevé a mi casa, y todos sabían que estaba enamorada de él, pero jamás me pidió que fuera su novia. Eso hizo que me decidiera a dejarlo, y ahora me siento culpable porque pienso que él sí me quería.... ¿Creen ustedes que tomé una buena decisión?» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Cuando somos seguidores de Cristo, Él nos habla por conducto de nuestra conciencia para indicarnos que algo anda mal. Usted no dice si es o no seguidora de Cristo, pero bien pudiera ser que su conciencia le dijo que algo andaba mal en esa relación, y fue eso lo que hizo que usted decidiera dejar a ese hombre. »Usted tampoco dice si era íntima la relación que sostuvieron, a no ser que eso sea lo que quiere decir con “le di mi amor”. ¿Estaba teniendo relaciones sexuales con él? Si es así, la Biblia deja en claro que las relaciones sexuales deben reservarse para ser disfrutadas como parte del matrimonio entre un hombre y una mujer. Usted no está casada, así que pudo haberle remordido la conciencia debido a eso. »La razón más común por la que las personas sostienen relaciones sentimentales sin compromiso alguno es que desean disfrutar de la relación sexual sin tener que afrontar las responsabilidades que el amor sentimental conlleva. Pero hay muchas otras razones también. Es posible que ya estén casadas, o que tengan diversas parejas sexuales adicionales. Bien pudieran tener secretos, o mantener oculta una vida pasada de la que no quieren que nadie se entere. Pudieran ser narcisistas, obsesionadas consigo mismas a tal grado que son incapaces de comprometerse con nadie. O tal vez sean hedonistas, por lo que concentran todos sus esfuerzos en sentir el placer personal y no aceptan ninguna responsabilidad de las necesidades de nadie más. »Cualquiera que sea la razón por la que este hombre no llegó a comprometerse con usted, creemos que un año ofrece suficiente tiempo como para que cualquier adulto tome tal decisión. Después de ese lapso de tiempo, una relación que no haya llegado a ser noviazgo probablemente no progrese nunca. »Es obvio que usted desea más que eso. Quiere un novio que se comprometa con usted y tarde o temprano llegue a ser su esposo. Eso mismo desean muchas mujeres. Pero eso requiere un hombre que quiera lo mismo. »Es muy insensato optar por mantenerse en una relación con un hombre que obviamente no contempla un futuro compartido con usted. Tal decisión resultaría en tiempo malgastado que pudiera invertirse en la búsqueda de otro hombre que comparta sus sueños. De modo que sí, creemos que usted tomó la decisión acertada.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 769. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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¿Quién podrá negarle el corazón?

4/3/2026
Con buena razón se ha dicho acerca de las Rimas sacras, como las siguientes del poeta español Lope de Vega, que «contienen, sin disputa, algunos de los más bellos y emocionantes sonetos religiosos de la poesía española»: ... El puro y manso Jesús, que el Bautista en el Jordán llamó Cordero de Dios, se quiere sacrificar. . . . . . . . . . . Mucho le pesa la cruz, los pecados mucho más, con ellos ha dado en tierra, que no los puede llevar. . . . . . . . . . . Cayó Cristo, y por la frente, con el golpe desigual, se le entraron las espinas lo que faltaban de entrar. . . . . . . . . . . Suspira el manso Cordero, ayuda pidiendo está, y a palos, golpes y coces le vuelven a levantar. . . . . . . . . . . Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. . . . . . . . . . . Ya clavan la diestra mano, haciendo tal resistencia el hierro entrando el martillo, que parece que le pesa. Los pies divinos traspasan, y cuando el verdugo yerra de dar en el clavo el golpe, en la carne santa acierta. . . . . . . . . . . Cayó la viga en el hoyo, y antes de tocar la tierra, desgarrándose las manos dio en el pecho la cabeza. . . . . . . . . . . Unos dicen que, si es rey, de la cruz descienda y baje; y otros que, salvando a muchos, a sí no pudo salvarse. . . . . . . . . . . Viendo, pues, Jesús que todo ya comenzaba a acabarse, Sed tengo, dijo, que tiene sed de que el hombre se salve. Corrió un hombre y puso luego a sus labios celestiales en una caña una esponja llena de hiel y vinagre. . . . . . . . . . . ... [Ahora] el ladrón famoso, como otros muchos han hecho, quiere acabar predicando al que está con él, diciendo: «Éste padece sin culpa, y culpados padecemos, Jesús, hijo de David, [te acuerdas de mí] en tu reino. «Conmigo —responde Cristo— estarás hoy, te prometo».... . . . . . . . . . . A su Padre Eterno mira, abriendo los ojos santos... con voz poderosa dice, cielos y tierra temblando: Mi espíritu, Padre mío, pongo en tus sagradas manos. Y bajando la cabeza sobre el pecho quebrantado, a la muerte dio licencia para que flechase el arco. . . . . . . . . . . Rompióse el velo del templo, cayeron los montes altos, abriéronse los sepulcros, y hasta las piedras hablaron. Mas llamando encantamientos el pueblo tales milagros, quebrarle quieren los huesos que sólo quedaban sanos. Y como le hallaron muerto, por ir seguro, un soldado puso la lanza en el ristre arremetiendo el caballo. Y abrió por el santo pecho tanta herida a Cristo santo, que se le vio el corazón... que en obras [se apreció] claro.... . . . . . . . . . . ... [Mi] dulcísimo Jesús, si después de pies y manos también dais el corazón, ¿quién podrá el suyo negaros? . . . . . . . . . . Bien sé, [mi] Pastor divino, que estáis subido en alto, para llamar con [silbidos] [a] tan perdido ganado. Ya os oigo, Pastor mío, ya voy a vuestro pasto, que como vos os dais, ningún pastor se ha dado. . . . . . . . . . . Nadie tendrá disculpa, diciendo que cerrado halló jamás el cielo, si el cielo va buscando. ... [Pues] estáis a todas horas llamando y aun rogando. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Lope de Vega: Obras poéticasObras poéticas

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«Por ti perdonar prometo»

4/2/2026
Un ejército furioso, todo de testigos falsos, donde es capitán la envidia, y el alférez el engaño, de acero, miedo y mentiras para sólo un hombre armados, a Cristo presenta a Anás puesto a la garganta un lazo. «¿Quién eres, hombre? —le dice—. ¿De qué vives? ¿Qué es tu trato? ¿Qué discípulos te siguen? ¿En qué ciencias eres sabio?» Jesús, de paciencia ejemplo, responde, los ojos bajos, con ser el más alto espejo de su Padre soberano: «Yo siempre hablé claramente, con mi doctrina enseñando en público, que en secreto no es la comisión que traigo. »¿Qué me preguntas a mí? Pues que puedes preguntarlo a tantos que me han oído; que ellos saben lo que trato.» «¿Así respondes?», le dijo, alta la mano, un soldado, y dio a Cristo un bofetón que dejó el cielo temblando. «Si hablé mal, da testimonio —responde el Cordero manso—, y si bien, ¿por qué me hieres?» ¡Ay, cielos, vengad su agravio! . . . . . . . . . . Cristo mío de mi vida, ¿cómo si soy el esclavo señalan tu hermoso rostro los dedos de aquella mano? Bendiga tu amor el cielo, que yo, mi Jesús, no basto, pues siendo los yerros míos, quieres Tú tener los clavos. [Por ti perdonar prometo]... a quien me hubiere injuriado, imitando la respuesta de tus labios soberanos. . . . . . . . . . . ... Perdonaremos injurias, pues Tú nos has enseñado a pedir que nos perdonen del modo que perdonamos. Así describe el poeta español Lope de Vega las afrentas que sufrió Jesús de Nazaret la noche en que fue arrestado y sometido a juicio ante el sumo sacerdote Anás. Según el filólogo José Manuel Blecua, vigesimonoveno director de la Real Academia Española, fue «la honda crisis que llevó a Lope al sacerdocio» lo que a su vez lo llevó a publicar sus Rimas sacras en 1614. Lope mismo lo reconoce en el «Soneto Primero» de la obra, como sigue: Cuando me paro a contemplar mi estado y a ver los pasos por donde he venido, me espanto de que un hombre tan perdido a conocer su error haya llegado. Cuando miro los años que he pasado, la divina razón puesta en olvido, conozco que piedad del cielo ha sido no haberme en tanto mal precipitado. Con razón que al poeta le parezca tan injusto que sea Jesucristo y no él quien tenga que soportar semejantes afrentas. Lope es un hombre débil, como los demás sacerdotes,4 esclavo de sus propios errores. En cambio, Cristo es nuestro sumo sacerdote «hecho perfecto para siempre... santo, irreprochable, puro [y] apartado de los pecadores».5 Más vale que, así como aquel autor de las Rimas sacras, también nosotros reconozcamos que somos pecadores. Pidámosle perdón a Cristo, quien puede y quiere salvarnos para siempre de nuestros pecados, ya que vive siempre para interceder por nosotros, y determinemos seguir su ejemplo y perdonar a quienes nos ofenden.6 Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Obras poéticas

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Hombros de campeón

4/1/2026
¡Claro que no eran dioses! Eran mortales los intrusos porque padecían enfermedades y era fácil matarlos. Si los araucanos de Chile del siglo dieciséis hubieran sabido esto de antemano, no habrían sido tan fácil presa de los conquistadores españoles cuando éstos arribaron a sus tierras. Ahora tendrían que entregarse a la tarea de expulsar a los invasores. Pero lo harían con gusto, movidos por el mero placer de la venganza. Los españoles los habían maltratado a tal extremo que se armó tremenda contienda entre los caciques por decidir cuál de ellos habría de comandar las tropas araucanas. De no haber sido por el sabio consejo del anciano Colocolo, allí mismo habría terminado la proyectada guerra. Esto fue lo que propuso el venerado cacique: que fuera jefe aquel que soportara más tiempo un gran madero en los hombros. Para la prueba emplearon un tronco tan pesado que les costó trabajo hacerlo rodar. Paycabí lo sostuvo en sus hombros durante seis horas. Purén y Ongolmo, a su turno, lograron sostenerlo medio día. Cuando Elicura dejó caer de sus hombros el madero a las nueve horas, lo tomó Tucapel, quien lo llevó a cuestas durante catorce. Lincoya el fornido se quitó la capa y en sus tremendas espaldas cargó el leño de sol a sol. Ya se consideraba vencedor cuando llegó el valiente Caupolicán, quien agarró el áspero y nudoso tronco como si fuera una vara y lo mantuvo firme en sus hombros durante tres días y tres noches sin dar muestras de fatiga. Cuando al tercer día lanzó lejos el tronco, los atónitos espectadores ya habían consentido descargar sobre sus robustos hombros la pesada y dura tarea que le esperaba. Por algo sería que, en memoria del gran Caupolicán, Rubén Darío compuso un soneto cuya primera estrofa dice: Esta anécdota de Don Alonso de Ercilla trae a la memoria lo que hizo Jesucristo para librarnos del poder de nuestro enemigo común. Es cierto que Satanás es «el príncipe de este mundo», pero nos ha engañado haciéndonos pensar que es más poderoso de lo que es, ¡como si fuera Dios con mayúscula y no con minúscula! Ahora los que hemos sufrido sus maltratos tenemos que hacerle frente, pero no con nuestro propio poder sino con el poder del Dios Fuerte que satisfizo los requisitos divinos para librarnos de ese yugo opresor. Es que el Padre eterno en su infinita sabiduría descargó sobre los robustos hombros de su valiente Hijo la pesada y dura tarea de expulsar al invasor y así salvar al pecador. Esto no fue lo que propuso sino lo que dispuso nuestro Cacique celestial: que el Capitán de nuestra salvación muriera sin pecado propio alguno después de cargar en sus hombros no sólo el peso del madero en el que fue clavado sino también el peso del pecado de toda la humanidad, de modo que a nosotros no nos tocara más que aceptar a ese Campeón de nuestra redención como nuestro Salvador personal. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net La araucanaPoesía

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¿Justicia o misericordia?

3/31/2026
(75 Aniversario de la Condena a Muerte de Julius y Ethel Rosenberg por Espionaje) Cuando Julius y Ethel Rosenberg se casaron en 1939, los dos ya eran miembros activos del Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Pero a nadie se le hubiera ocurrido que llegarían a ser los primeros civiles de su país condenados a muerte por espionaje, y los primeros en ser sancionados por ese delito en tiempos de paz. La Segunda Guerra Mundial, que estalló el mismo año en que se casaron, ya había dado paso a la Guerra Fría cuando fueron arrestados y acusados de ser espías de la Unión Soviética en 1950. El proceso judicial contra los esposos Rosenberg comenzó el 6 de marzo de 1951. Causó gran sensación en todo el mundo, pues se les acusó de divulgar secretos incluso sobre armas nucleares. Un mes más tarde, el 5 de abril, luego de ser hallados culpables y de optar por no decir nada en su defensa, el juez Irving Kaufman, antes de imponerles a ambos la pena de muerte, emitió el siguiente juicio personal: «Yo considero que su delito es peor que el homicidio.... Estoy convencido, sin duda alguna, de que son culpables. He investigado los antecedentes legales y he examinado mi conciencia a fin de hallar alguna razón para conceder misericordia, ya que lo humano es ser misericordioso y es natural tratar de salvar vidas. Sin embargo, estoy convencido de que violaría la confianza solemne y sagrada que el pueblo de esta nación ha depositado en mis manos si yo mostrara indulgencia a [estos] acusados.... Yo no tengo la facultad, Julius y Ethel Rosenberg, de perdonarlos. Sólo Dios puede conceder misericordia para lo que ustedes han hecho.» Durante los siguientes dos años, el fallo fue apelado ante los altos tribunales y también fue analizado ampliamente por el tribunal de la opinión pública internacional. Uno de los factores en tela de juicio era la presunta imparcialidad del juez Kaufman por haber considerado que eran culpables de un «delito peor que el homicidio». La Corte Suprema de Justicia atendió siete recursos de apelación, pero fueron denegados los siete. Y tanto el presidente Harry Truman como el presidente Dwight Eisenhower denegaron las peticiones de clemencia presidencial. Ante el fracaso de una campaña a nivel mundial que pedía misericordia en su favor, los esposos Rosenberg fueron ejecutados en la Prisión Sing Sing de Nueva York el 19 de junio de 1953. Así como a los espías Rosenberg, también a cada uno de nosotros se nos ha hallado culpable de un delito que lleva la condena de muerte. Ese delito es el pecado. Pero Dios, el presidente sobre todos los presidentes del mundo, consciente de que lo que necesitamos es misericordia y no justicia, envió a su Hijo Jesucristo al mundo para que muriera en nuestro lugar. Ahora, con base en esa expiación de nuestro pecado, Él nos ofrece su perdón divino y, en vez de una condena de muerte, la vida eterna. Así que no tenemos que esperar, como los Rosenberg, a que se nos dicte sentencia. Podemos, más bien, anticiparnos al día del Juicio Final, pidiéndole a Dios perdón hoy mismo y recibiendo así su misericordia divina. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net Judgment and Mercy: The Turbulent Life and Times of the Judge who Condemned the Rosenbergs

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«La vida está en la sangre»

3/30/2026
El ataque fue rápido y sorpresivo. Los atacantes eran hombres armados de machetes. Juana Garrido del Ángel, valiente mujer, se defendió como pudo. Era el 20 de mayo de 1983, en Ciudad Madero, Tamaulipas, México. Al intentar defender su cabeza de uno de los golpes, Juana levantó la mano. La afilada hoja del machete no le dio en el cráneo, pero sí le seccionó la mano izquierda. Juana no se inmutó. Recogió la mano del suelo, la envolvió en su chal, y se dirigió con la mano cortada al hospital civil de la zona. Allí no pudieron hacer nada por ella. Así que Juana fue al Hospital Zonal del Instituto Mexicano del Seguro Social. Y a pesar de que habían transcurrido 48 horas desde el ataque y que por consiguiente la mano estaba prácticamente muerta, el cirujano Manlio Calogero Speziale realizó un milagro quirúrgico: le suturó la mano con tanta pericia que la salvó. En cuatro meses más, la mano le sería otra vez tan útil como lo era antes. He aquí otro milagro, esta vez por concepto de la restauración de miembros amputados, realizado en México por un maestro cirujano. Cuando la sangre de Juana volvió a correr por las venas y las arterias de la mano, la mano recobró la vida. Y con el tiempo y un poco de paciencia, esa mano volvería a ser como antes, y del ataque sólo quedaría como recuerdo una leve cicatriz. La vida está en la sangre. Cuando ese líquido maravilloso, obra maestra de la creación y no de la evolución, corre por nuestras venas y arterias, tenemos vida. Sin sangre, nuestro cuerpo no es más que cadáver reseco. En cambio, cuando tiene sangre, tiene vida, pensamiento, calor, amor, fuerza e inteligencia. Es por esa cualidad de la sangre, la de ser la vida que corre raudamente en los organismos, que Dios le dijo al pueblo de Israel por medio de Moisés: «La vida de toda criatura está en la sangre. Yo mismo se la he dado a ustedes sobre el altar, para que hagan propiciación por ustedes mismos, ya que la propiciación se hace por medio de la sangre».1 La sangre que derramó Dios, sangre pura que vertió para expiar nuestros pecados y así salvarnos de la muerte, es la sangre de su Hijo Jesucristo, Dios hecho hombre. Es por esa sangre que Cristo derramó en la cruz del Calvario que todos los que creemos en Él recibimos vida. Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Por las venas de Cristo, debido a su condición de hombre, corría sangre. Y esa sangre, igual a la nuestra, es vida espiritual para cada uno de nosotros. Si nos apropiamos de ella, creyendo en el Señor Jesucristo y en su muerte expiatoria por nosotros, seremos salvos. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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«Antes de dejarlas embarazadas»

3/28/2026
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Hace tres años conocí a una mujer. Nuestra relación no fue exitosa... pero aun así decidimos tener un hijo.... Ocho meses después de que nació nuestro hijo, las peleas y los conflictos nos hicieron tomar la decisión de separarnos.... No llegamos a casarnos.... »[Más tarde] empecé a salir con otra mujer y no nos cuidamos en las relaciones, así que quedó embarazada. Ella no es cristiana y mi expareja tampoco lo era. Esa es una razón por la que fracasó mi primera relación.... »No quiero estar como pareja con ninguna de estas dos mujeres, que tienen un hijo de mi sangre. Sólo quiero tener una pareja que sea cristiana, una mujer que crea en Dios igual que yo, de modo que pueda entenderme mejor.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »... ¿Acaso estas mujeres eran ateas que no creían en la existencia de Dios, o pertenecían a una religión que no reconoce a Jesucristo, tal como la hindú o la musulmana o la budista? Si para usted de veras fuera importante la fe cristiana que profesa, ¿no habría entonces sabido ese dato esencial antes de dejarlas embarazadas? »Usted emplea la palabra cristiano y dice que cree en Dios, así que quiere una pareja que cree en Dios igualmente. Sin embargo, si bien es cierto que los cristianos creen en Dios, Satanás y sus demonios también creen en Dios. Simplemente creer en Dios no constituye a nadie en cristiano. »El verdadero cristiano es un seguidor de Cristo. Y el seguidor es alguien que imita. Eso quiere decir que los seguidores de Cristo imitan a Cristo. Leen la Biblia para aprender lo que Cristo enseñó cuando anduvo por este mundo, y luego tratan de vivir tal y como vivió Él. »Sin embargo, para llegar a ser seguidor de Cristo hay un paso que cada uno de nosotros tiene que dar. Tenemos que examinarnos a nosotros mismos, reconocer que hemos pecado, y pedirle perdón a Dios. A este proceso se le llama arrepentimiento debido a que implica que no sólo estamos arrepentidos por haber quebrantado la ley de Dios, sino también que planeamos no volver a pecar. Al contrario, planeamos seguir el ejemplo y las enseñanzas de Cristo. »Cristo y sus apóstoles enseñaron que las relaciones sexuales sólo deben practicarse dentro del matrimonio. El plan de Dios es que cada seguidor de su Hijo Jesucristo se case con otro seguidor de Cristo y que luego formen un hogar en que sus hijos puedan estar seguros y se les pueda enseñar que Dios los ama. »Por eso, en el caso suyo, nos preocupa el bienestar de los dos hijos preciosos que usted ha procreado. Ellos son su responsabilidad primordial. En vez de mantenerse preocupado sobre cómo hallar a la mujer perfecta, mantenga su enfoque principal en sus hijos. Haga todo lo posible por proveer para el bienestar económico, emocional y físico de ellos y por enseñarles a ser verdaderos seguidores de Cristo.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 768. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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«Deténganme, antes que mate otra vez»

3/27/2026
«Deténganme, antes que mate otra vez.» No eran los pensamientos de un asesino en potencia. Tampoco eran las palabras pronunciadas por un maniaco homicida hablando por teléfono con las autoridades. Ni era la súplica de un reo a los guardias de turno de la cárcel en que había estado encerrado porque ya no soportaba la vida al otro lado de las rejas. «Deténganme, antes que mate otra vez» es la frase que un criminal escribió en una pared con lápiz labial. Al hacerlo, se apoyó en la pared y dejó la huella de su mano, que condujo a su captura como sospechoso en el homicidio de una atractiva trigueña en un hotel de Nueva York. La policía anunció que Hugh Kelly, un joven de diecinueve años de edad, fue detenido con relación a la muerte de Dolores Anderson. Al joven Kelly lo arrestaron al comprobar que sus huellas digitales correspondían a las dejadas en la pared. A la larga, el único indicio que orientó la investigación oficial del homicidio fue esa huella de su mano. La pregunta que no podemos dejar de hacernos es esta: ¿Por qué quiso aquel joven que lo detuvieran aun cuando sabía que eso podía dar como resultado cadena perpetua? La respuesta, sin duda, tiene que ver con la lucha que se libra, dentro de cada uno de nosotros, entre la naturaleza pecaminosa y el Espíritu. El apóstol Pablo describe esa lucha interna con el pecado en estos términos: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.... »Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?» Ahora bien, si el venerado apóstol se encontró en semejante callejón sin aparente salida, ¿qué esperanza hay para nosotros? «Gracias a Dios —concluye aquel compañero de armas espirituales— por medio de Jesucristo nuestro Señor... ya no hay ninguna condenación... pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte». ¿Qué esperamos, entonces? Acudamos a Cristo, como nos recomienda San Pablo, y digámosle: «Detenme, antes que peque otra vez. Y si caigo y vuelvo a pecar, perdóname y ayúdame a volver a levantarme, cada vez más fuerte en el poder de tu Espíritu.» Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

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